N.º 4 Parque Nacional y Reserva de la Bahía de los Glaciares, Alaska

Aventurero. Naturalista. Defensor de la ecología. Amante de la naturaleza. Fanático del aire libre. Rebelde. Explorador. Estas son algunas de las clases de personas que disfrutarían un viaje por fiordos y parques nacionales de Alaska. Ofrecen el mejor ejemplo de la abundancia y las maravillas de la naturaleza, que se extienden por miles de kilómetros. La única forma de verdaderamente conocer y disfrutar estos tesoros es en un crucero. Y nadie ofrece más viajes a Alaska que Princess Cruises.

En mi opinión, la maravilla que destaca de entre todas las maravillas de un crucero por Alaska es el Parque Nacional y Reserva de la Bahía de los Glaciares. Incluso llamarlo una de las maravillas del mundo no hace justicia a su importancia. El tamaño designado abarca más de 400.000 hectáreas, comparte fronteras con EE. UU. y Canadá, y es una de las regiones más biodiversas del mundo. Simplemente intente imaginar, en un solo lugar, todo lo siguiente: 130 lagos, más de 1000 plantas y un número increíble de animales, como ballenas, renos, lobeznos, cabras monteses y osos negros. Un avistamiento de ballenas es tan maravilloso como los glaciares.

La diversidad y formación del paisaje son algo maravilloso, creado por los movimientos de los glaciares y las grandes nevadas. La región mostró ser peligrosa para los viajeros y exploradores que intentaron cruzarla, por lo que la finalización del Ferrocarril Canadian Pacific en 1883, y la autopista Trans-Canada en 1963, fueron de especial importancia.

Los glaciares activos, las altas cimas y la enorme red de cuevas atraen al naturalista que todos llevamos dentro. Y la joya de la corona del parque, el glaciar Margerie, es una maravilla en sí misma. Poder presenciar el desprendimiento de un glaciar con sus mil tonos de azul hielo, las enormes grietas, el sonido del hielo separándose y el retumbar de los trozos cuando caen, que resuenan en el silencio bajo el azul del cielo, expresión de la verdadera potencia de este fenómeno natural, es un evento que queda grabado en la memoria. Más sutiles pero no por eso menos inolvidables son las focas que se relajan sobre los icebergs mientras flotan felices, sin preocupación alguna después de haber almorzado pescado fresco.

Una visita a los perros de trineos de Alaska en el Parque Musher es una experiencia única, tanto para grandes como para los más pequeños. Incluso ver especiales de la National Geographic sobre estos animales tan particulares no alcanza a prepararnos para una visita personal. Los famosos Huskies son animales de manada muy atractivos, con sus brillantes ojos claros y aullidos semejantes a los de los lobos. Y cuando estos animales tiran del trineo en el que viajamos sobre la nieve, la experiencia es realmente mágica.

El fiordo College de Alaska es otro lugar que genera puro asombro. En este parque espectacular se encuentran cinco glaciares de marea, cinco grandes glaciares de valle y decenas de glaciares pequeños, que crean un juego de agua que cae como cascadas congeladas, nieve de montaña que cubre los paisajes de granito y un cielo azul tan brillante y puro que solamente puede describirse como increíble. Los aventureros que exploraron y recorrieron esta región nombraron a los 16 glaciares en honor de las principales universidades de Estados Unidos. El glaciar Hubbard es otro gigante de hielo obligatorio, un bloque enorme que se extiende hasta donde alcanza la vista. Situado en la región este de Alaska, destaca por sus colores, la combinación de azules dentro del hielo, y el efecto del agua en movimiento que lentamente se congela y descongela, avanzando con el tiempo. Imagine kilómetros y kilómetros de hielo cambiante, en un despliegue de increíble belleza y efecto artístico. Algunos datos sobre esta maravilla natural: El hielo tarda unos 400 años en atravesar completamente la longitud del glaciar, lo que significa que el hielo al pie de la inmensa formación ha estado allí al menos 400 años.

Incluso el único “glaciar urbano” que posee Alaska, el glaciar Mendenhall, en Juneau, se ha transformado y trasladado significativamente, creando el lago Mendenhall, donde los visitantes pueden disfrutar la pesca deportiva de salmón y trucha en el ecosistema único del lago. Y como complemento de la belleza cristalina de Juneau están las maravillas naturales de la Fiebre del oro de esta histórica ciudad.

Crucero por el Parque Nacional y Reserva de la Bahía de los Glaciares
Crucero por el Parque Nacional y Reserva de la Bahía de los Glaciares