N.º3 Península de Shiretoko, Japón

La pintoresca península Shiretoko
La pintoresca península Shiretoko

Sin duda alguna, mi país favorito en Asia es Japón, muy protegido culturalmente y abundante en tradiciones. Cada sitio, cada comida, cada paisaje se presenta perfectamente cuidado en un mundo globalizado que por momentos se siente demasiado desarrollado y hasta caótico. Al mismo tiempo, la cultura joven detrás del movimiento hacia el futuro del Japón, y la tecnología altamente innovadora, evitan que el país se sienta estancado, o como un museo vivo. Este país, relativamente pequeño, también ostenta una increíble belleza natural.

El Parque Nacional Shiretoko, en la isla de Hokkaidō, es un ejemplo perfecto de la belleza natural de Japón. Hace unos años tuve la oportunidad de visitar Hokkaidō, y este destino fue un lugar destacado del viaje, con su combinación de paisajes espectaculares, comida increíble, pequeñas poblaciones rurales y cultura isleña intacta. Pero fue el Parque Nacional Shiretoko, en el extremo noreste de Hokkaidō, la verdadera joya maravillosa. Conocido como “el fin de la tierra”, esta es una de las regiones más remotas de Japón, solamente accesible a pie o en barco. Los osos pardos vagan por los bosques de robles y pinos, bandadas de aves marinas se encuentran en las playas solitarias y la costa recubierta de verde parece no haber sido tocada desde épocas primordiales. Afortunadamente, la designación de la UNESCO de este sitio como Patrimonio de la Humanidad ha garantizado que esta maravilla de la naturaleza se proteja para placer de futuros visitantes.

En Tokio esta sensación de las tradiciones encontrándose con el futuro es palpable, visible, con sus elegantes rascacielos y bares de karaoke de luces rojas por un lado, y los delicados templos y pequeños restaurantes tradicionales por el otro. Siempre recomiendo ver la película Lost in Translation antes de visitar la capital de Japón. Además de ser una de mis películas favoritas de todos los tiempos, muestra la ciudad de manera que el visitante se siente casi un observador invisible, porque la cultura permanece intacta y fuera de este mundo moderno. Me encanta el templo Meiji, por ejemplo, en especial durante alguna de las ceremonias tradicionales en las que se destaca como emblema del antiguo Tokio. Y para conocer un poco el modernismo de la ciudad, nada mejor que recorrer vecindarios como Harajuku, donde los adolescentes y los amantes de las novedades son un ejemplo viviente de las últimas tendencias, tanto en maquillaje como en vestimenta.

Fuera de la ciudad, el icónico monte Fuyi se yergue a los lejos, símbolo nacional del país con su forma cónica perfecta y cima cubierta de nieve, que puede observarse casi a 150 kilómetros de distancia. Este volcán, aún activo, ha sido designado recientemente Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, y ha sido objeto de peregrinajes durante siglos. A solo 96 km de Tokio, esta montaña ejerce un poderoso atractivo estético en los visitantes, con sus lagos pintorescos, sus praderas con delicadas flores, y para los más atléticos, sus agrestes senderos que llevan hasta la cima.

Probablemente antes de este itinerario, la palaba Toyohashi le haya sido desconocida, pero este festival anual de fuegos artificiales es un evento obligatorio para quienes desean presenciar los ritos ceremoniales que definen las marcadas diferencias regionales de Japón. Grupos provenientes de todo el país se congregan para exhibir su creatividad con la pirotecnia, al tiempo que la música folclórica y los bailes ofrecen entretenimiento constante. La ciudad es también un ejemplo vivo de cómo ciertas urbes en el país son en realidad recién llegadas: Toyohashi, establecida en 1909, se ha convertido en tiempos recientes en el mayor importador y exportador de automóviles, y una visita al astillero de Mitsubishi, donde se han construido, entre otros, los barcos de Princess Cruises, es una visita obligada, para entender el lugar que ocupa el país en el mercado marítimo internacional.

Además, en la ruta del crucero se encuentran las ciudades portuarias de Hakodate, Otaru y Aomori. Hakodate, una maravilla de ciudad, sobrevivió al Gran Incendio de 1934 y se convirtió no solo en una ciudad animada y pujante, sino también en el productor japonés del sushi de mejor calidad. Y aunque el mercado Morning de cuatro cuadras de largo quizás no se compara con el mercado de pescado Tsukiji de Tokio, sí ofrece una impresionante variedad de platillos nativos increíblemente tentadores.

Visite Aomori durante los meses de verano y podrá presenciar una increíble tradición japonesa, el Festival Nebuta de Aomori. Un gran flotilla de carrozas que lleva la figura de un audaz guerrero atraviesa el centro de la ciudad, mientras bailarines con prendas tradicionales bailan alegremente en una celebración cultural colorida, mágica y asombrosa.