N.º 1 Parque Nacional Fiordland, Nueva Zelanda

Si se tiene en cuenta la magnificencia de su belleza natural, el Parque Nacional Fiordland no recibe tanta atención internacional como podría esperarse, pero para quienes aman el mar, es un verdadero tesoro. Rudyard Kipling lo llamó la “octava maravilla del mundo”. En pocas palabras, es uno de los lugares más bellos del mundo. Un viaje a Nueva Zelanda de 11 días o más con Princess Cruises lo llevará hasta allí y a otros lugares igualmente impresionantes que no se pueden conocer desde tierra. Este parque, establecido en 1952 como parque nacional y declarado Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO en 1990, cuenta entre sus encantos fiordos tallados por los hielos en aguas azules transparentes, lagos profundos que parecen surgir del origen de los tiempos, montañas cubiertas de nieve que se elevan hacia lo alto y vistas panorámicas infinitas de mar y tierra. El Señor de los Anillos se filmó en distintas locaciones en toda Nueva Zelanda, pero es muy fácil ver por qué se eligió este lugar, con sus paisajes cinematográficos y de misteriosa belleza. Antiguos bosques tropicales que ocultan senderos para caminatas. Cataratas que se despeñan miles de metros desde lo alto para caer en los fiordos de aguas puras. Delfines nariz de botella, focas y pingüinos juegan en las aguas. Visite Tauranga, un bullicioso puerto y la entrada a Rotorua, una tierra mágica geotérmica y parte neural de la cultura maorí. El crucero tocará puerto cerca de la base del monte Maunganui, que se eleva 232 metros por sobre el nivel del mar, con vistas panorámicas de las playas de marea baja en Omokoroa y Pahoia. Allí podrá participar en pesca deportiva de altura, chapotear en manantiales termales y conocer la cultura maorí en un recorrido por un poblado auténtico, un colorido espectáculo de danzas y cantos, y las artesanías y el arte único de este grupo fascinante.

Una vez que ha conocido y disfrutado de las bellezas naturales que Nueva Zelanda ofrece en abundancia, probablemente sea el momento de probar sus afamados vinos. Desde el puerto de Picton puede conocer el valle Marlborough de la Isla Sur, hogar de una de las exportaciones más importantes y conocidas del país: los vinos. El nombre Marlborough trae a la mente algunas de las variedades más destacadas del mundo, especialmente su divino Sauvignon Blanc. Este lugar perfecto se despliega por debajo de una zona mayormente montañosa a la que divide el espléndido río Wairau, lo que hace de la región un lugar increíblemente fértil que produce uvas perfectas gracias a la combinación de días soleados y noches frescas. Si desea probar solamente un Sauvignon Blanc, entonces le recomiendo la etiqueta Cloudy Bay. Personalmente, considero que es el más fino de todos y su sabor se aprecia mejor en el valle de donde surge. Desde Napier, también se puede llegar a la bahía de Hawke, hogar de más de 140 viñedos y 70 bodegas. Visite una sala de degustación o elija un tour vinícola para ampliar o profundizar su conocimiento al tiempo que disfruta de los espectaculares paisajes.

Este crucero comienza y finaliza en Sídney, una de las ciudades más espectaculares del mundo. Solo por su arquitectura vale la pena hacer el crucero. Su emblemática Casa de la Ópera, obra del arquitecto danés Jørn Utzon, es el punto más destacado. Este hito del diseño está considerado como uno de los edificios más importantes del siglo XX, en 1997 recibió la designación de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, y atrae a casi 10 millones de visitantes por año. Cuando Utzon recibió el premio Pritzker (el más alto galardón en arquitectura) en 2003, el comité escribió, “Es indudable que la Casa de la Ópera de Sídney es su obra maestra. Es uno de los edificios emblemáticos del siglo XX, una imagen de gran belleza conocida en todo el mundo, un símbolo no solo de una ciudad, sino de todo un país y un continente”. ¡Imposible decirlo mejor! Pero la arquitectura no es el único motivo para visitar esta ciudad: su oferta de restaurantes gourmet, elegantes cafés, boutiques con estilo y galerías vanguardistas es casi infinita. Además, sus habitantes son sofisticados, amantes de la diversión y se enorgullecen de compartir con el mundo sus tesoros.

Y si hablamos de tesoros, la región de las montañas Azules, cerca de la capital, bien vale un viaje. Esta maravilla natural de arenisca, parece tallada por la magia de un hechicero, con sus inconfundibles picos que se recortan como torres contra el cielo. Los aborígenes que habitaron por primera vez estas tierras, contaban que la zona había adquirido su característica geografía después de una batalla épica entre dos dioses de la tierra del sueño, mitad reptiles y mitad peces. Es fácil comprender cuando se mira este paisaje el motivo por el que las historias míticas mantienen su fuerza para quienes lo habitan y para los afortunados viajeros que lo visitan.

Vista de pájaro del Parque Nacional Fiordland
Vista de pájaro del Parque Nacional Fiordland